¿Alguien se ha parado a pensar
que no es serio que el día 6 de enero se celebre el Día de Reyes, y que, además
de poco serio, es poco práctico? Si en la noche del 24 al 25 de diciembre nació
Jesús y el día 28 son los Santos Inocentes, cuando llegan los tres reyes mayos
el 6 de enero la Sagrada Familia se encuentra en Egipto, a donde había huido
para escapar de la matanza de todos los niños menores de dos años que decretó
el rey Herodes. Esta reflexión, lógica y evidente, no es, sin embargo lo mas
importante para que la fecha de esa celebración se cambie, algo que también se
ha planteado en algunos países iberoamericanos que, como nosotros,
tienen una tradición católica.
Incluso para los que no creemos
en Dios, pero que si creemos en el valor del mensaje del Evangelio y de la
tradición y cultura cristianas, es muy importante defender nuestro patrimonio
contra la invasión de costumbres y culturas que nos son ajenas. No hace muchos
años que ha irrumpido en nuestra Navidad, patrocinado por la Coca Cola y los
centros comerciales, un gordinflón que nada tiene que ver con nuestras tradiciones,
Papá Noel. Unos le vistieron de rojo y blanco, cuando su vestimenta era verde y
blanca, y otros pretendían asegurar dos días donde hubiera la necesidad de
regalar, como si el dinero de la gente pudiera multiplicarse. La consecuencia
dramática es que, poco a poco, Papá Noel ha ido arrinconando a nuestro Reyes Magos,
como el árbol de Navidad a nuestros nacimientos, que casi han desaparecido de
los comercios y de los hogares. Puede que la historia de unos magos que fueron
desde Oriente, siguiendo una estrella, hasta Belén a adorar al Dios nacido y
entregarle oro, incienso y mirra, sea en realidad una leyenda, de acuerdo, pero
es una leyenda bonita y, sobre todo, es nuestra leyenda, no la de los
anglosajones. El mito de los Reyes Magos, unos astrónomos que seguían un
cometa, según dicen otros, y el día que los niños recibían los juguetes tenía
un significado mas profundo que un mero negocio mercantilista. Además de
hablarnos de Melchor, Gaspar y Baltasar también nos contaban la historia, ahora
casi definitivamente perdida, del cuarto rey, Artaban, con el que habían
quedado los otros magos en la antigua ciudad de Borssipa, (Mesopotamia) y que
cargado con piedras preciosas que iba entregando por el camino a los necesitados
llegó tarde a la cita y a Bélen, pues José, María y Jesús ya habían huido a
Egipto. Artaban, aunque no haya existido nunca (a veces los mitos despiertan
mas emociones y son mas necesarios que las realidades) es mi rey mago favorito,
nunca me trajo juguetes ni regalos, pero me dejó su ejemplo. Dicen que después
de 33 años Artabán, ya anciano, iba camino de la cruz donde estaba un Jesús
agonizante para entregarle la última piedra preciosa que le quedaba, pero que
la entregó a una mujer que iba a ser vendida como esclava para pagar una deuda
de su padre. Así, desconsolado y afligido, quiso pedir perdón al Mesías por no
poder entregarle ningún presente y la voz de Jesús dijo: “tuve hambre y me
diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste,
estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste” ¿”cuándo he
hecho yo esas cosas”? preguntó Artabán, “todo lo que has hecho por los demás lo
has hecho por mi” le contestó Jesús.
Si el Día de Reyes fuera el 26 de
diciembre la historia sería coherente, nos cargaríamos a un Papá Noel ajeno a
nuestras tradiciones y se reducirían unas larguísimas fiestas que paralizan una
buena parte del país durante quince días. Además de hacer valer un ejemplo que va
mucho mas allá que el gesto de hacer regalos a nuestros seres queridos, sobre
todo el del cuarto y olvidado rey mago que hay que recuperar, Artaban.
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