jueves, 14 de julio de 2022

LOS MÁRGENES DE BENEFICIO

 


Si me hubieran dicho hace un año que iba a escuchar a algunas personas de derechas, incluidos algunos reputados economistas que siempre defendieron el liberalismo, decir lo que dicen ahora no me lo hubiera creído. Te tienes que frotar los ojos y pellizcarte para asegurarte que no estás soñando y que los derechistas que ahora recitan, casi de memoria, “El Capital” como si fuera el Catecismo, no los has visto mientras estabas en brazos de Morfeo. Se han dado cuenta de la concentración del capital en unas pocas manos, se han dado cuenta donde obtiene el capital las plusvalías, se han dado cuenta donde reside realmente el valor del dinero y se han dado cuenta, en fin, que las grandes corporaciones y los bancos mandan en los gobiernos, y no los ciudadanos que los han elegido. Querido Marx, esto parece el Imperio Romano cuando se convirtió al cristianismo, aunque todavía son pocos los que reconocen su conversión a tus tesis. Y tampoco es un sueño que lo mismo veo en la izquierda, pero, al contrario. Los discursos de la izquierda, y de la pseudoizquierda, toman sus argumentos, y sus recetas, de las tesis liberales. No explican lo que está sucediendo desde la filosofía económica marxista (Miseria de la Filosofía) sino desde la filosofía de M. Proudhon (Filosofía de la Miseria), cuando no de la filosofía económica de Adam Smith, el escocés defensor del liberalismo económico. A veces incluso parece que algunos han salido de la “Escuela de Chicago”. Así, podemos ver a un derechista, como el presidente francés, Macron, nacionalizar la principal Eléctrica del país, mientras el pseudoizquierdista, Sánchez, y todos los izquierdistas que le apoyan, espera que sea el mundo, ese que “camina por sí mismo”, el que normalice la situación y resuelva los problemas, mientras los ciudadanos, eso sí, van en tren “gratis”.

Los márgenes de beneficio son las plusvalías que obtiene el capital del trabajo de los proletarios. Se había aceptado en el mundo capitalista que era justo que empresarios y accionistas obtuvieran dividendos por su gestión, por invertir su capital o por no hacer nada. El problema es cuando esos márgenes de beneficio son exagerados y obscenos y los son cuando la gente peor lo está pasando. Yo no recuerdo beneficios más exagerados y más obscenos que los que han obtenido los laboratorios y las empresas farmacéuticas durante la pandemia de la que todavía no hemos salido. Mientras que esos laboratorios y esas farmacéuticas han ganado en pocos meses cifras milmillonarias, muchos países pobres no tienen dinero para vacunar a la gente. Esas empresas privadas ni siquiera tuvieron que invertir dinero para investigar, se les concedieron ingentes recursos públicos para que lo hicieran, recursos que nadie controló ni fiscalizó. La obscenidad, evidentemente, no sería posible sin la complicidad de los gobiernos y de las instituciones supranacionales.

Ahora estamos en un escenario económico de hiperinflación y las sanguijuelas hacen lo propio de las sanguijuelas (no es que sean bichos malos, es su condición) se aprovechan de las circunstancias chupando todavía más sangre a la gente. Fijémonos en los precios de los alimentos: no está justificado que algunos alimentos hayan subido muy por encima de la inflación, lo han hecho aumentando los márgenes de beneficios de las empresas hasta cotas escandalosas mientras la gente lo pasa mal. Casi no han subido los precios de los melones y de las sandías en origen, pero en los supermercados han subido más de un 300%, y así sucede con toda la fruta. Alguien se está llevando mi queso, y no son los sufridos agricultores y ganaderos, que sobreviven milagrosamente, son los intermediarios y los actores finales de las cadenas de producción. Adam Smith nos diría que el propio mercado se encargará de regular esos abusos y que la libre competencia operará para corregirlos, pero Marx nos contaría que la libre competencia y el libre mercado son una quimera en el imperio de los oligopolios.

¿Quién le pondrá el cascabel al gato, los derechistas que ahora recitan a Marx, los izquierdistas metidos a seguidores de Smith o los ciudadanos que empezamos a estas hasta los mismísimos de unos y otros? Veremos.

2 comentarios:

  1. Hay una cuestion en el ejemplo de los melones..una cuestion que los comunistas siempre olvidan,bien porque no han gestionado nunca nada,o bien por maldad y sectarismo..y esa cuestion se resume en una pregunta..cuanto ha influido en el precio final del melon la subida de los salarios de las personas que intervienen en el proceso desde que el agricultor lo vende y llega al supermercado?..y la electricidad?..y el coste de los combustibles?..esto no va de Marx ni de Smith..esto vá de un gobierno comunista que solo sabe subir impuestos y prohibir,aparte de revolver el gallinero..para otra cosa nunca han servido..ya le dije hace tiempo que el precio de un gobierno comunista y sus fantasias, quienes mas lo van a pagar son sus votantes..por cierto la Yoli tiene alguna solucion para lo que se avecina?..suma,resta o divide?

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    1. A ver, hombre, no sea usted tan fanático. En mi artículo dejo claro que el margen de beneficio es de un 300% y en eso ya se incluye los costes laborales, energéticos y de transporte, que no son, ni de coña culpa de "los comunistas", pues, salvo en España, en ningún país de la UE están en el gobierno y hay ocho países con más inflación que nosotros. Yo ya sé que ustedes, los de Vox, en algunas cosas, seré benévolo, son muy hipócritas, están contra la inmigración irregular, como yo, pero luego quieren inmigrantes irregulares que trabajen por una miseria recogiendo melones 12 horas al día a 40 grados para que no suba la fruta, y yo estoy también en contra de eso

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