lunes, 28 de octubre de 2019

EL DEBATE


¿Puede un solo debate electoral decidir unas elecciones y podría suceder eso ahora en España? yo estoy convencido de que sí, pero eso depende de que los candidatos y sus asesores sean lo suficientemente buenos en el marketing electoral, en manejar la imagen, los gestos, la dialéctica y la síntesis. Yo siempre pongo como ejemplo el primer debate televisado de la historia, el que enfrentó el 26 de septiembre de 1.960 a Nixon, al que todas las encuestas daban como ganador, y a JFK, que supo dar la vuelta a todos los pronósticos con solo ese debate. Como en España hemos tenido ya bastantes debates electorales, está clarísimo que tanto los candidatos como sus asesores hacen agua por todas partes cuando se tienen que enfrentar, a cara de perro, ante las cámaras de TV. Por lo que hemos visto en las pasadas elecciones, Pedro Sánchez flaquea mucho en los cara a cara, bien en el Congreso de los Diputados, bien en la TV. Cuando Sánchez se sale del guion establecido o del discurso preparado o cuando es interpelado con palabras gruesas pierde el sitio. Recordemos que ante los furibundos ataques de Casado y Rivera en los dos debates electorales de la última campaña tuvo que salir Pablo Iglesias a salvar el trasero a Sánchez, lo no va a pasar ahora. Seguramente por eso, por el miedo justificado de Iván Redondo, el asesor de Sánchez, a que el presidente interino la cague, esta vez solo va a haber un debate electoral, un debate que, si no pasa nada raro, que podría, se celebrará en TVE el día 4 de noviembre. Pero, ningún debate es igual que el anterior y puede haber sorpresas, porque nadie tiene todas las claves ni sabe las estrategias de los demás. Tener memoria ayuda, pero no es lo decisivo. En este debate vamos a tener una novedad con respecto a los anteriores, no va a ser a cuatro, va a ser a cinco, porque esta vez Vox, que tiene una amplia representación parlamentaria, si va a poder estar ahí y eso ya introduce nuevas incertidumbres. Algunos pretendieron que también estuviera Errejón, pero no pudo ser porque  su partido no tiene ningún diputado en el Parlamento y exactamente ese mismo argumento fue el que, justamente, se utilizó en las pasadas elecciones generales para vetar a Vox. Esta campaña electoral, como habíamos previsto, está muy mediatizada por el problema catalán o podría estarlo todavía más si, por ejemplo, los problemas no se hubieran aplazado, como el partido entre el Barça y el Madrid, que se ha aplazado al 18 de diciembre y donde puede pasar de todo. Aplazar los problemas no los resuelve, los agrava, de eso es consciente todo el mundo, y los que no son capaces de enfrentarlos prefieren acudir al debate y a las elecciones  dejándolos para más adelante. Existe la errónea creencia de que en España la gente está muy ideologizada y que es muy difícil que la balanza izquierda-derecha bascule claramente hacia uno u otro lado.  Es cierto que en los últimos años ha sido así, y que los electores se han repartido en varios partidos de su espectro político, los de izquierdas entre el PSOE y UP y los de derechas entre PP, Ciudadanos y Vox, pero, todos sabemos que hay dos o tres millones de personas que pueden bascular, sin ningún problema, entre PSOE y PP, de hecho así sucedió en el pasado, y que hay un montón de jóvenes, muy poco ideologizados, que pueden votar a cualquiera. Por supuesto que el problema catalán va a mediatizar el debate, como está mediatizando la campaña electoral, pero ni de lejos, aunque a usted le parezca increíble, va a ser lo que opinen unos y otros para su solución lo que puede decidir las elecciones, ni siquiera distintas posturas sobre problemas tan gordos como el paro, puede decidirlas, por ejemplo, que un líder diga que, si le votan, al que okupe ilegalmente una vivienda lo desaloja de inmediato y lo mete en la cárcel ¿O no decidieron aquellas elecciones que mentábamos al principio una sola pregunta dirigida a la audiencia? ¿compraría usted un coche de segunda mano a este hombre?

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