
Lo verdaderamente patético es que
los que se enfrentan a Pedro Sánchez no lo hacen con armas ideológicas o con un
programa diferente, sino con maniobras conspiratorias y con navajazos traperos,
y lo hacen precisamente en un momento especialmente delicado para nuestro país.
La causa fundamental de la
rebelión es que el PSOE ha perdido en los últimos años miles de cargos públicos
y mucha gente que había hecho de la política su modus vivendi está hoy en las
listas del paro. Tras las primeras elecciones democráticas el Partido
Socialista se encontró con muchos votos pero con pocos cuadros políticos para cubrir
alcaldías, concejalías, asientos en el Congreso de los Diputados, etc. Ese
problema no lo tenía la derecha, pues muchos de sus militantes procedían de la
dictadura o de las empresas y tenían, en general, mejor preparación. Todo el
mundo debería recordar ahora aquello que se dio en llamar el “pesebre”, que no
fue otra cosa que una desesperada captación de cuadros políticos, la mayoría
del PCE, a cambio de cargos públicos muy bien remunerados. Para decirlo de una
vez, el verdadero drama del PSOE es que su organización está infestada de
oportunistas que anteponen su interés personal a las ideas, al legado histórico
de un partido por el que mucha gente honrada ha luchado y al respeto que merece
su secretario general, legítimamente elegido por la militancia.
Yo no sé lo que puede suceder en
los próximos meses en España, cada vez me atrevo menos a hacer predicciones,
pero todo hace suponer que vamos a asistir a unos acontecimientos que van a
exigir un plus de responsabilidad a todos, no solo a los políticos. Los
problemas que se han dejado pudrir durante mucho tiempo, como el de Cataluña,
reventarán, y harán falta líderes con altura de miras.
He visto el mensaje de fin de año de Susana Díaz y lo peor no fueron sus poses
ni un discurso para la promoción personal, lo verdaderamente vomitivo fue su
apelación a la responsabilidad, recordando a los patriotas que hicieron la
Constitución de 1.978. La presidenta andaluza y los que le hacen el coro no les
llegan ni a la suela de los zapatos a aquellos siete españoles.