El jueves 26 de noviembre se ha
escenificado la ampliación del pacto antihiyadista que firmaron el PSOE y el
PP, con la incorporación de otros 7 partidos y sin IU. Llama la atención que
todos los que se unen o ya estaban en el pacto son precisamente los mismos que
votaron en el Congreso de los Diputados a favor de la intervención de España en
la Guerra de Libia, menos Ciudadanos, que por aquel entonces no pintaba nada.
Debemos recordar que en aquella ocasión también fue la coalición rojiverde la
única formación política de ámbito estatal que votó en contra. Es decir, son los
mismos que se unieron con entusiasmo a la aventura Libia, instigada por Francia
y liderada luego por EE UU, los mismos que dieron cobertura aérea a los
mercenarios yihadistas que entraban a través de Egipto en cientos de vehículos
4x4 Toyota, completamente nuevos, entregados gentilmente por Arabia Saudí y
artillados con armas ucranianas, los mismos, en fin, que la liaron parda y han
dejado aquel país convertido en otro feudo del Estado Islámico, los que ahora,
compungidos, claman por la bondad del pacto.
Porque, no nos equivoquemos, no
se trata de enviar fuerzas a combatir a Siria o a Irak, allí ya están
solucionando el entuerto tramado por Occidente y los regímenes feudales árabes los
rusos y sus aliados, que están dando a los asesinos del ISIS hasta en el cielo
de la boca, se trata de enviar tropas a Libia, para intentar solucionar el
grave error cometido, y de paso a varios países subsaharianos adonde, desde
Libia, se ha extendido la infección yihadista. Será después de las elecciones,
naturalmente, aunque España ya tiene tropas en Mali.
El tiempo, ese juez insobornable,
ha dado la razón a IU, que tuvo muy claro desde el principio la peligrosidad de
los mercenarios yihadistas y que no se podía compadrear con ellos en
aventuras imperiales, y se la volverá a dar cuando veamos las consecuencias del
pacto, pérdida de libertades constitucionales y envío de tropas a una guerra
donde la lucha contra los fanáticos del Estado Islámico converge con el apoyo
al imperialismo francés en África, que viene de muy antiguo.
Habrá un nuevo “No a la Guerra”,
pero en él no estarán los socialistas, que lo utilizaron en su día como arma
electoral contra el PP, pero que luego no tuvieron ese prurito antibelicista en
Afganistán y en Libia, y no sabemos si estará Podemos, que asistió a la
reunión de los pactistas como “observador”, porque la indefinición y la ambigüedad
son consecuencia de unos principios políticos, por decirlo de forma caritativa,
heterodoxos. Eso sí, en ese frente cívico estará IU y la gente cabal,
independientemente de su ideología política.
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