
Hay un cinismo mayúsculo en
Occidente, pues mientras dicen que Rusia ya no es su enemiga sus acciones
demuestran todo lo contrario. El imperialismo de los EE UU y sus aliados, como
siempre han hecho en el pasado, ha entrado con fuerza en el siglo XXI. Sus
intervenciones armadas y sus groseras injerencias están ahí, para todo el que
las quiera ver. Hace muy poco tiempo hemos asistido a una agresión de la OTAN
en Libia, un país soberano, donde su presidente fue asesinado y su petróleo
usurpado. Lo que sucede en Siria es similar, pero aquí se juegan bazas geoestratégicas. En sus maniobras y sus manejos,
los EE UU y la OTAN no tienen empacho en apoyar incluso a Al Qaeda, cuya
organización es la encargada de reclutar mercenarios para actos terroristas y atrocidades.
Pero, el imperialismo ya no tiene suficiente con los países donde
tradicionalmente ha campado a sus anchas, pretende acosar a Rusia. Cuando se
desmoronó la URSS, y mientras gobernó el etílico Yelsin, Rusia estuvo a punto
de sucumbir definitivamente, pues estuvo muy cerca de perder el control sobre sus
riquezas naturales. Todo cambió con la llegada de Vladimir Putin y el “grupo de
S. Petersburgo” al Kremlin. Se nacionalizaron otra vez las empresas de carácter
estratégico y se envió a los traidores a Siberia.
Los EE UU y la OTAN no han
perdido la esperanza de doblegar a Rusia, incluso usando la fuerza militar. Se
valieron de su aliado georgiano, Saakashvili, para tantear la capacidad de
respuesta del ejército ruso y la cosa no salió bien, los georgianos fueron
aplastados en pocas horas. Pero, había otras estrategias en marcha, en
particular el despliegue de la Iniciativa de Defensa Estratégica (también
conocida como Guerra de las Galaxias) con la instalación de potentes radares y
varios tipos de sistemas de interceptación, con misiles basados en tierra , en
buques o en aviones y con los sofisticados sistemas de armas instalados en
órbita terrestre, con potentes cañones láser o electromagnéticos. Se trata de
terminar con el principio de destrucción mutua asegurada, que ha evitado una
guerra nuclear, con la intención de amenazar la soberanía del adversario merced
a la capacidad de poder desencadenar un ataque nuclear por sorpresa sin miedo a
la respuesta. Evidentemente, los sistemas de la IDE instalados en Polonia no
son para interceptar misiles balísticos iraníes o de Corea del Norte.
La última vuelta de tuerca ha
sido el apoyo de los EEUU y sus aliados de la UE al violento golpe de Estado en
Ucrania, con la intención de expulsar a Rusia de Sebastopol, donde está basada
la Flota del Mar Negro, y eliminar los radares de alerta temprana de la
Península de Crimea, que protegen a Rusia de los misiles de la Sexta Flota.
Obama ha dicho que piensa
disminuir los efectivos militares norteamericanos sustancialmente, pero no para
ahorrar dinero, son solo de personal, sino para gastarlo en dispositivos de
alta tecnología y en drones, que son carísimos y absorben ingentes recursos.
Pero, aunque EE UU tiene un
presupuesto militar de mas de 550.000 millones de dólares (mas que el resto de
países de la Tierra juntos) y Rusia solo de 60.000, el pueblo ruso nunca ha
doblado la rodilla. Napoleón y Hitler fueron testigos.
EEUU es una potencia militar
impresionante, pero en Ucrania Rusia juega en casa y lo va a hacer hasta las
últimas consecuencias, porque es vital para su seguridad y porque la amenaza ya
está demasiado cerca. Lo veremos en las próximas semanas, mejor dicho, ya lo estamos viendo.