Solo un holocausto nuclear podría
compararse a la peligrosidad de los virus, pues son estos los que han causado
mayores estragos a la Humanidad a lo largo de la Historia e incluso en la
Prehistoria. Mucha gente todavía cree que fue el desgaste de la guerra en las
trincheras y los muertos por el fuego de las ametralladores, la artillería y el
gas de cloro lo que decidió el desenlace de la Primera Guerra Mundial, pero fue
un pequeño virus al que llamaron “La gripe española” (no porque apareciera en España,
sino porque en nuestro país, que era neutral, se podían publicar sin censura
esas cosas) el factor decisivo. Aquella gripe mató a más de 100 millones de
personas en todo el mundo, pero se cebó especialmente con los desgraciados que
estaban en las trincheras de Europa con
el barro hasta la cintura. Sin embargo, no ha sido la gripe, ni ninguna de sus cepas, ni el Covid-19, el virus que más ha matado, ha sido la viruela. Esta enfermedad apareció entre
las personas hace mas de diez mil años y durante siglos mató y desfiguró
masivamente. Tampoco fue Hernán Cortés y sus aliados, los indios tlaxcaltecas,
los que acabaron con el Imperio Azteca, sino la viruela que llevaron a América los
españoles, que hizo estragos entre la población indígena que no tenía
anticuerpos para defenderse. Millones de amerindios murieron y padecieron la
viruela, que se extendió por América con su guadaña. Pero, al contrario de lo
que ocurrió en las colonias británicas de Norteamérica, donde los indios fueron
exterminados y hoy viven en reservas como rarezas humanas del pasado, los
españoles trasmitieron su lengua, su religión y su cultura a las poblaciones
indígenas y se mezclaron con ellas dando lugar al mestizaje, tan común en
Iberoamérica. España no exterminó a los indios americanos y hoy hay países en
aquel continente donde la población indígena es mayoría.
Por iniciativa del rey Carlos IV,
cuya hija, la infanta María Luisa, también había sido presa de la enfermedad,
partió del puerto de La Coruña, el 30 de noviembre de 1.803, la primera
expedición sanitaria internacional de la Historia. Dirigía la expedición Javier Balmis, un prestigioso cirujano, y también viajaban dos médicos asistentes, dos
prácticos y tres enfermeras. Pero, el navío, María Pita, llevaba en sus camarotes otra carga mas preciada, 22 niños huérfanos, de entre 8 y 10 años, a los
que acompañaba la rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña. A esos niños se
les había inoculado la viruela de las vacas (de ahí viene el nombre de vacuna) que la británica Lady Montagu
había observado como se administraba en Turquía. Fueron los chinos los que en
el siglo X ya habían descubierto que pinchando a la gente con una aguja impregnada
en pus de la viruela de las vacas quedaban inmunizados y ese conocimiento se
había extendido por toda Asia.
Brazo a brazo, sangre a sangre,
aquellos pequeños trasmitieron la vacuna de la viruela por las Islas Canarias, Venezuela,
Colombia, Ecuador, Perú, México, Filipinas y las colonias portuguesas de China
y la expedición se dividió para que la vacuna llegara también a Cuba y los
actuales Ecuador, Chile y Bolivia, que entonces formaban parte del Virreinato
del Perú. Nunca tan pocos salvaron a tantos. Edward Jenner, el científico
inglés que figura como el descubridor de la vacuna manifestó entonces: “No
puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de
filantropía mas noble y mas amplio que éste”.
En el año 1.958, Viktor Zhdánov,
Viceministro de Salud de la Unión Soviética, propuso a la Asamblea Mundial de
la Salud una iniciativa global contra la viruela, que fue aprobada un año
después transformándose en el principal objetivo de la OMS. En el año 1.980 la
XXXIII Asamblea de la OMS dio por erradicada la viruela en el mundo y hoy solo
se guardan dos muestras del virus, en estado criogénico, en los EE UU y en
Rusia, por si la Humanidad las necesitara (espero que ningún loco piense en
ellas como arma) en el futuro.