Yo no sé si es peor el
coronavirus, que está produciendo menos muertos que la gripe, y la mayoría de
los fallecidos son personas de riesgo, o la psicosis colectiva que ya está
provocando una contracción dramática de la economía mundial, una contracción
que podría ir a peor. Cuando escribo estas líneas el barril de Brent ha caído a
los 55 dólares y, lo que es más significativo, la onza de oro está nada menos
que a 1642,75 dólares, marcando récord histórico. Los que sigan a este humilde
francotirador del teclado recordarán que hace muy poco tiempo advertí lo que
podría suceder con el apalancamiento excesivo en créditos bancarios de las
compañías petrolíferas americanas para la extracción de crudo por fractura
hidraúlica (no rentable con el barril por debajo de los 75 dólares) si el
petróleo seguía bajando y que hace aún más tiempo, y en reiteradas ocasiones,
aconsejé, sin cobrar nada por el asesoramiento, que, quien pudiera, comprara
oro, como estaban haciendo los bancos centrales de Rusia y China, y la primera
vez que lo sugerí la onza estaba a 950 dólares. Habría hecho usted un negocio
fabuloso. Cuando la economía mundial entra en recesión el precio del petróleo
baja y cuando el dinero (no hay cosa más miedosa) entra en pánico el precio del
oro se dispara. Eso es lo que está pasando. El “cisne negro” del coronavirus
que ha aparecido en China es el detonante que faltaba para que estallara una
crisis económica que lleva larvada durante mucho tiempo, la crisis que no va a
provocar ese bichito, sino la imprudencia de unos políticos que llevan años actuando
de forma poco seria y poco profesional, unos políticos que han endeudado a los
Estados hasta las cejas imprimiendo papel moneda, sin respaldo de valor, como
si fueran cromos y prestando esos “mortadelos” a los bancos a intereses
negativos para que las entidades financieras nos lo prestaran a nosotros por
encima del 5% y así tapar los agujeros de la crisis de las hipotecas Subprime y/u
obtener pingües beneficios de forma sucia. Me temo que aún no hemos visto nada
y tiemblo solo de pensar lo que le podría pasar a España, donde el turismo
representa ya más del 15% del PIB, superando a la automoción y solo por detrás
del comercio, si empezaran a aparecer en nuestro país, como está pasando en el
Norte de Italia, decenas o centenares de casos de contagios por el coronavirus.
Si una mesa tiene solo tres patas y se rompe una, la mesa se cae, pero si la
mesa tiene veinte patas y se rompen cinco la mesa sigue de pie. También lo
advertí cuando algunos celebraban el año pasado que España, con 84 millones de
turistas, había vuelto a batir su propia marca. Atentos.
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