sábado, 12 de marzo de 2022

PACTO DE RENTAS

 


España se encuentra en una situación socio-económica muy grave, la más grave que yo recuerdo desde la que había cuando se firmaron, en octubre de 1977, los Pactos de la Moncloa, sin embargo, los condicionantes y las causas son radicalmente distintos; cuando se firmaron los Pactos de la Moncloa hacía solo dos años que había muerto el dictador y el tejido industrial de nuestro país, de aquel régimen, no estaba adaptado a lo que se necesitaba para competir en Europa, solo el turismo era un sector económico en alza. Aquellos pactos tenían como principal objetivo no un pacto de rentas, es decir, que todo el mundo se apretara el cinturón, sino que, con una inflación que superaba el 15%, los salarios no subieran. El empobrecimiento de los trabajadores, como es lógico, podría provocar un estado de indignación muy peligroso, pues aquella sociedad, muy concienciada políticamente y que se movilizaba fácilmente, podría poner en peligro hasta a la propia Transición. Todos a una, como en Fuenteovejuna, firmaron aquello y a continuación vinieron las reconversiones salvajes de empresas, un eufemismo que se empleó para no llamar a las cosas por su nombre, desertización industrial, que llevó a decenas de miles de personas al paro y que, a pesar de la complicidad de los sindicatos mayoritarios, provocó movilizaciones de los trabajadores épicas. Era el primer paso para entrar en la UE. Ahora nuestro país, con más de tres millones de parados, una Deuda próxima al 130 % del PIB, un déficit endémico, una alegría criminal en el despilfarro y en el gasto, sin una política fiscal justa y eficiente, total ausencia de planificación industrial y económica y, especialmente, unas desastrosas políticas energéticas de los últimos 30 años, está en la UCI, no aquejado de coronavirus, agonizante de irresponsabilidad y de falta de profesionalidad a la hora de gestionar las administraciones públicas. A nuestros problemas se une la desfavorable coyuntura económica internacional, que no ha levantado cabeza desde la crisis financiero-inmobiliaria de 2008, porque los sinvergüenzas y los irresponsables no solo los hay en España. La puntilla ha sido la guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia, una patada en nuestro propio culo. Los mismos que daban dinero a Guaidó y lo nombraban "presidente encargado", ahora van a llorar a Maduro para ver si les vende petróleo, esta gente es la que gobierna en Occidente. Pues bien, además de los insultos a Putin, lo que va a escuchar usted más a partir de ahora va a ser "pacto de rentas" y cómo los que llamaban "tahúr del Misisipi" a Adolfo Suárez reivindican ahora su figura y, sobre todo, reivindican los Pactos de la Moncloa. El tinglado se les cae a pedazos y necesitan apuntalarlo con los sacrificios inhumanos de la gente, gente que ya lo está pasando muy mal. No piensan renunciar a administraciones sobredimensionadas ni a gastos prescindibles en una situación de emergencia, nos pedirán sacrificios, muchos sacrificios, mientras pintan las líneas de la carretera de rosa y proliferan los chiringuitos y las ONGs que se nutren de un dinero público que nadie fiscaliza ni controla. Los sindicatos de clase, esos que hace tiempo se han convertido en otra clase de sindicatos, serán actores necesarios para intentar evitar que se descontrole el rebaño, como lo fueron en los Pactos de la Moncloa, ya han sido beneficiados con un montón de millones de dinero público, como las organizaciones empresariales, para que colaboren a hacernos la puñeta. Sin embargo, esta vez va a haber fuerzas políticas que no se van a sumar al aquelarre y la indignación de la gente puede derivar en opciones indeseadas, precisamente cuando las elecciones generales están cada vez más cerca. El cabreo, que pongan a una persona, o a un país, entre la espada y la pared, sí es un arma de destrucción masiva. ¡Cuidado!

viernes, 11 de marzo de 2022

VÉRTIGO

 


Los que sigan a este humilde francotirador del teclado están perfectamente informados sobre las causas de la inflación y también saben que habíamos anunciado la estanflación (alta inflación y al mismo tiempo decrecimiento económico y paro) para este año y eso ya lo hicimos hace bastantes meses, aunque nadie suponía entonces lo que iba a pasar en Ucrania. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha querido convencer al auditorio de que todos nuestros males son culpa de Putin y la ministra de Economía, Nadia Calviño, cuando el PP ha replicado a las palabras de Sánchez diciendo que esto viene de atrás, ha respondido que Putin lleva varios meses preparando la Guerra. Por supuesto, los del PP no tienen autoridad moral para criticar al Gobierno es este asunto, son copartícipes de las fechorías. Si hay algún cándido que se haya creído esto que tenga cuidado, porque puede ser la siguiente víctima del timo de la estampita. EE UU ha hecho pública la inflación del mes de febrero y ésta ha sido del 7,9%, la más alta en 40 años (ya apuntábamos en otras entregas que la inflación real en EE UU, si se computara el mercado de coches de segunda mano y la vivienda, en propiedad y de alquiler, estaría en torno al 15%) ¿No son EE UU autosuficientes en petróleo, gas natural y cereales? Lo son, así que echar la culpa de su inflación a Putin y a la guerra en Ucrania lo tienen francamente difícil. La verdad es que en Occidente trabaja poca gente y se ha estado viviendo del cuento repartiendo dinero fiat, sin respaldo de valor, en grandes cantidades, desde hace tiempo, exactamente desde la crisis financiero-inmobiliaria de 2.008. Con la pandemia, pusieron  la máquina de hacer billetes a trabajar a destajo y se repartió gentilmente dinero de mentira a particulares y empresas, no se encontró una forma mejor para que el tinglado no se viniera abajo. Al mismo tiempo, la economía de mercado fue sustituida por la especulación financiera de amiguetes y de oligopolios, donde unas pocas manos se hacían milmillonarias comprando acciones con dinero obtenido a intereses negativos, con el que los gobiernos les entregaron sin más, o poniendo a las cosas los precios que les daba la gana. Pero, esto es solo una muestra de lo que llevamos arrastrando. Políticas industriales y agrícolas desastrosas dirigidas por los burócratas de Bruselas, a los que los ciudadanos no han elegido, y por los gobiernos, muy poco profesionales, y actividades cuasi mafiosas de lobbistas, han dejado a las economías de los países occidentales en una situación tan vulnerables que solo hacía falta un pequeño empujón para caer al abismo. El vértigo cuando caes desde una altura es una reacción del cuerpo ante el miedo a la incertidumbre ¿Saldré vivo del golpe contra el suelo? Pues bien, ese vértigo es en el que han entrado los políticos occidentales, y, en el plano doméstico, Pedro Sánchez y, en la cocina, Adrián Barbón. Grandes empresas, que emplean a miles de trabajadores, y miles de pequeñas explotaciones de todo tipo no pueden ya pagar los precios que han estado subiendo desde hace meses, de la electricidad y de los combustibles, y de los que se han disparado ahora con la guerra, los cereales, porque aquí no queríamos mancharnos las manos sembrando lo que hemos sembrado toda la vida. Los cierres de empresas vendrán en cascada y podemos asistir a un drama épico. Así que pueden echar ustedes la culpa a Putin, al que los medios se encargan de demonizar para proporcionar una coartada a sus políticos afines, pero, tengo la sensación de que las miles de personas que van a ir a la calle y/o directamente a la indigencia no van a tragar con eso. 

miércoles, 9 de marzo de 2022

SALTO CUALITATIVO HACIA EL ABISMO

 


Por presiones de Washington, Polonia entregará todos sus cazas MIG-29, "Fulcrum" en código OTAN, a Ucrania a través de EE UU. Los aviones polacos volarían hacia una base estadounidense, de las muchas que tienen los americanos en Europa, seguramente en suelo alemán, donde serían recogidos por pilotos ucranianos. No perdamos de vista que para viajar hacia Ucrania los MIG-29 saldrían desde un país de la OTAN, Alemania, y tendrían que atravesar otros dos, también de la Alianza Atlántica, República Checa y Eslovaquia, pues Polonia no quiere implicarse directamente en el conflicto. Es un salto cualitativo muy importante, porque ya no se trata de enviar armas ligeras, entregas que algunos países han vendido a sus opiniones públicas como "defensivas", estamos hablado de armamento claramente ofensivo. Sin embargo, aunque los MIG-29 son aviones formidables, no debemos olvidar que son bastante antiguos, de cuando Polonia pertenecía al pacto de Varsovia, y no está claro cual es en la actualidad su nivel de operatividad, pues Rusia lleva años sin suministrar repuestos para estos cazas a Polonia. Aunque los MIG-29 polacos estuvieran en condiciones de entrar en combate, serían ampliamente superados por los cazas rusos más modernos que están operando sobre los cielos de Ucrania, como los SU-35, seguramente el mejor caza del mundo de cuarta generación plus, eso sin contar que podrían entrar en escena algunos SU-57, el mejor caza del mundo de quinta generación que está en fabricación. Los rusos también disponen de las sofisticadas baterías antiaéreas S-400 Triumf, que pueden batir cualquier objetivo aéreo, sean aviones, misiles o satélites en órbitas bajas, en un rango máximo de 400 kilómetros de profundidad y 185 kilómetros de techo. Es decir, un misil lanzado por una batería S-400 desplegada en Ucrania podría interceptar sin problemas un avión que volara sobre cielos checos o eslovacos antes de que llegara a Ucrania. Esa parece ser la intención de los halcones de Washington, que Rusia se vea obligada, de una u otra manera, a atacar a algún país de la OTAN para extender la guerra. Sin embargo, todos deben ser conscientes de que una confrontación con la OTAN obligaría a Rusia, sí o sí, a utilizar armas nucleares y que los vectores que los rusos tienen para esas bombas, nuevos por principio, no pueden ser interceptados por ningún sistema antimisiles y no tienen análogos occidentales. Estamos hablando de misiles hipersónicos, algunos viajan hasta a 12 veces la velocidad del sonido, que también pueden operar desde el espacio exterior,  o de drones submarinos de propulsión y cabeza de combate nucleares que pueden destruir por completo cualquier gran ciudad costera. Europa quedaría arrasada, EE UU desaparecería del mapa y el mundo entero se iría a la mierda, sin ninguna duda. Hace unos días un submarino nuclear ruso de la clase Borei, que portaba 16 SLBM (misiles balísticos intercontinentales basados en submarinos) R-30 Bulava, con 10 cabezas nucleares por misil, es decir, en total 160 bombas atómicas, emergió cerca de aguas estadounidenses, como aviso para navegantes. La gente parece que se ha vuelto loca y los dirigentes occidentales también. Presionaron a Rusia hasta obligar a Putin a tomar una decisión que no quería tomar y cada día suben un peldaño más hacia el borde del precipicio con sanciones y censuras salvajes antes nunca vistas, y mire usted si EE UU y la OTAN no han bombardeado e invadido países. En vez de intentar reconducir el asunto antes de que el conflicto adquiera proporciones apocalípticas, echan mas leña al fuego. Por cierto ¿sabe usted donde han acabado las armas que Sánchez ha enviado a Ucrania? Pues, en el "Batallón Azov", un regimiento integrado por mercenarios neofascistas, la mayoría extranjeros, muchos croatas, que frecuentemente enarbola esvásticas y otros símbolos nazis. En concreto, algunos de estos neonazis han sido filmados y fotografiados con lanzagranadas españoles Instalaza C-90.


martes, 8 de marzo de 2022

MACRON, PREUCUPADO

 


Nunca habíamos visto imágenes del presidente francés tan demacrado, tan cariacontecido y tan preocupado. Los medios en el país vecino (aquí bastante menos) se han llenado de comentarios y de preguntas al respecto ¿Qué le pasa al presidente? La mayoría coincide en que su preocupación está relacionada con la guerra en Ucrania y de la información de primera mano que tiene al respecto tras sus largas conversaciones con Vladímir Putin ¿Estará preocupado Macron por los muertos? ¿Estará preocupado, el galo, porque si Occidente se pasa otro pelín puede haber una Tercera Guerra Mundial e irnos todos al cuerno? Yo creo que lo que tiene en un sin vivir, y en un sin dormir, a Macron estos días son las elecciones presidenciales que se celebrarán en Francia en abril, es decir, el próximo mes. Si las desastrosas políticas que se han implementado en La Galia durante años no hubieran dejado el camino suficientemente diáfano a la ultraderecha, las consecuencias económicas de la pandemia y, ahora, las derivadas de la guerra en Ucrania, son una autopista hacia El Elíseo para Marine le Pen. Las sanciones a Rusia son una patada en el culo de la UE, son  un bofetón a los sufridos ciudadanos y a las empresas de la Unión, que ya no pueden pagar ni la electricidad, ni el gas, ni la gasolina, ni los cereales, ni nada. Si el Covid había puesto a muchas empresas al borde del cierre, las sanciones a Rusia y las locas políticas geoestratégicas occidentales son la puntilla. En este caldo de cultivo en ebullición, Marine Le Pen parece una voz cabal y centrada en Francia, la salvadora para los que buscan un clavo al que agarrarse, aunque sea un clavo ardiendo (a esta situación nos han llevado los irresponsables) Le Pen tiene a un candidato todavía más a la ultraderecha que ella, tiene a un presidente de la república desquiciado por las encuestas que maneja y a los franceses muy cabreados. La ultraderecha acaricia la presidencia en Francia. A los errores cometidos durante muchos años y a las consecuencias del Covid y de la guerra también hay que sumar la inestimable "ayuda" de nuestros aliados estadounidenses y británicos, empeñados en salvar a Europa de los "malvados rusos". Cuando los precios ya son estratosféricos, los anglosajones, de una y otra parte del océano, quieren que dejemos de comprar gas y petróleo a Rusia y que se lo compremos a ellos y a sus empresas al triple de precio. Son estos piratas, bájese usted del guindo y del clamor de la propaganda y del coro, los que han llevado a Europa al borde mismo del abismo y los que insisten en seguir haciéndonos la puñeta. No me extraña que Macron esté preocupado y seguramente no será el único mandatario muy preocupado en la UE. Las elecciones es lo único que preocupa verdaderamente a esta gente.

domingo, 6 de marzo de 2022

PUTIN, EL ALIADO DE SÁNCHEZ.

 


Mientras unos dicen que Vladímir Putin es aliado de la ultraderecha y Abascal que es aliado de los comunistas (a ver si se ponen ustedes de acuerdo) hemos descubierto que, sino amigo, el presidente ruso, muy a su pesar, es aliado circunstancial de Pedro Sánchez. Si usted pensaba que porque los telediarios solo hablen de Ucrania nuestros problemas habían desaparecido es que se ha subido también al carro de los histéricos y de los que han perdido el contacto con la realidad. Nuestros problemas siguen ahí y son muy gordos: La Deuda española ya era estratosférica antes de que Rusia invadiera Ucrania, en torno al 130 % del PIB, y nuestra inflación ya se había disparado al 7,4%, su tasa más alta en los últimos 33 años. Aquí ya no se sembraba, trigo, ni cebada, ni maíz, ni girasoles, ni lúpulo. Esas cosas las hacían los rusos y los ucranianos, igual que los chinos nos tenían que hacer hasta las mascarilla, porque no queremos mancharnos las manos. Las consecuencias de años de políticas desastrosas se agravaron con la pandemia, de la que no tiene la culpa Putin, y los bancos centrales occidentales, incluido el BCE, se dedicaron a fabricar dinero fiat, como si fuera cromos, para repartirlo gentilmente e intentar evitar el colapso de la economía ¿Cómo se valoriza el dinero de mentira? pues, para decírselo resumidamente y sin florituras, con los sacrificios de la gente. Así que si usted piensa que esos fondos europeos, y las fechorías que provocan graves desajustes económicos, nos iban a salir gratis, se equivoca. El gobierno de Sánchez había encargado a un "comité de expertos" que prepararan un paquete de nuevos impuestos para poder cumplir con las obligaciones que nos exige Bruselas, pero, lo más importante era que esos impuestos se pudieran vender a los ciudadanos como algo bueno, bien llamándolos ecológicos, bien llamándolos necesarios para nuestro propio bien. Sin embargo, cuando las elecciones generales están cada vez más cerca, las subidas generalizadas de impuestos, incluido el IVA, no estaba claro que fueran bien asumidas por los españoles, por no decir que el cabreo y la contestación de sectores ya muy machacados podrían ser mayúsculos. Pero, hete aquí que ha estallado una guerra en Ucrania y que el culpable de todos los males del mundo, pasados, presentes y futuros, va a ser Putin. Al aceite de ricino marca Sánchez  se han apresurado a pegarle encima la etiqueta de aceite de ricino marca Putin. "Nos esperan tiempos muy difíciles" nos ha espetado Sánchez, y a continuación ha cargado contra el presidente ruso. Rusia no ha subido el precio del gas (contratos a largo plazo firmados hace tiempo) y no ha cortado el suministro a la UE y a otros países, ni siquiera lo que llega a través de Ucrania, así que alguien nos tendría que explicar ¿cómo es posible que el precio del gas se haya triplicado en pocos días? ¿Será por culpa de los especuladores? ¿Será porque el mercado de futuros se está centrando, por razones geoestratégicas, en otros proveedores que ofrecen su gas mucho más caro? No pueden echar la culpa también de eso a Putin. Demonizar a alguien para hacer recaer en él todo lo malo que nos puede pasar es una vieja receta. El lobbista Felipe González, el mismo que bombardeó Yugoslavia sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, al que el tiempo ha esculpido cara de mafioso, nos va a decir este martes 8 de marzo, coincidiendo con el día de la mujer, en el programa de Jordi Évole lo malo que es Putin, "el nuevo Hitler". "Todo es culpa suya".

miércoles, 2 de marzo de 2022

LA INVASIÓN PACÍFICA

 


Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, nos decía en el Congreso de los Diputados lo malo que es Putin, lo que molan las sanciones a Rusia, que quiere incluir a Rusia entre los paraísos fiscales (a Gibraltar no) que va a enviar armas a Ucrania ¿teletransportadas? y que preparáramos la cartera, teníamos nosotros, en España, otra invasión por el Sur, la enésima, desde Marruecos, con miles de inmigrantes, con el permiso de Mohaamad VI, invadiendo Ceuta y Melilla. Todo el mundo debe tener muy claro que las invasiones pacíficas pueden ser muy violentas, como lo tienen muy claro los saharauis. Los marroquíes tienen una larga experiencia en invasiones pacíficas y ya Hassan II, el padre del actual sátrapa, las utilizó como arma de guerra en el Sáhara Occidental, con la Marcha Verde, donde las mujeres y los niños iban en vanguardia. En España ya tenemos más de un millón de marroquíes, la mayoría en situación irregular y sin trabajo, mantenidos con salarios sociales y ayudas de Cáritas (ahí no les importa la cristiandad). Si es pequeño el porcentaje de marroquíes que trabaja en España, el de sus mujeres es muchísimo menor, pues su religión (sunita) lo prohíbe. Tampoco es baladí tener en cuenta que la tasa de natalidad de los marroquíes triplica al menos a la de los españoles, una bomba de relojería, que en Francia está a punto de estallar. Mientras insultamos a Putin, "nuestro hermano" del Sur nos invade y no nos damos por enterados. Hace muy poco tiempo más de 20.000 marroquíes, siempre con el permiso de sus autoridades, invadieron Canarias y tuvieron que ser hospedados, en régimen de todo incluido, hasta el tabaco, en hoteles de cuatro y cinco estrellas. La mayor parte fueron derivados a la Península en vuelos nocturnos, para que la gente no lo viera, aunque nuestro Gobierno había dicho, mintiendo, por supuesto, que serían todos devueltos a Marruecos. Posteriormente hubo otra invasión en Ceuta y Melilla donde tuvo que intervenir el Ejército. Este asunto tiene una deriva que a mí no me gusta nada y si usted piensa que EE UU, Reino Unido, Francia, Polonia, Lituania y, en fin, todos nuestros aliados de la OTAN nos van a venir a echar una mano si tenemos un problema grave con Marruecos es que no conoce el percal, no conoce lo que pasó con el Sáhara Occidental y no conoce una de las causas más decisivas por la que le dieron a Adolfo Suárez un golpe de Estado, el de verdad, en 1981. Que quiere que le diga, a mí me gusta más el estilo de Putin, hasta aquí habéis llegado, que el estilo del buenismo estúpido que siempre acaba en malismo estúpido, pasen ustedes, hasta mi cocina ¡Cuidado!

martes, 1 de marzo de 2022

¿IMPERARÁ LA CORDURA?

 


Durante la pandemia muchas personas se convirtieron de repente en expertos virólogos y/o tenían un cuñado médico. Esa gente nos daba consejos, cual galenos, y corregían a los verdaderos médicos y a los verdaderos expertos. Ahora, cuando hay una guerra en Ucrania, esos que se han metido a facultativos, siguen ejerciendo, es este caso de psiquiatras y de expertos en geopolítica y Defensa, colgando sambenitos de psicópatas y repitiendo las mentiras y las tonterías, que escuchan en los medios de comunicación, como loros. Yo de virología y, en general, de medicina, como en otros muchos campos, soy un perfecto ignorante, lo confieso, pero de geopolítica, de Defensa, de armamento, de propaganda y de golpes de Estado se algo, así que permítame el lector, y los del nuevo coro, que les de una segunda opinión, ahora que los medios rusos han sido censurados para que solo exista un relato:

Para entender lo que está pasando en Ucrania tenemos que remontarnos bastante atrás en la Historia, hasta la fundación de la propia Rusia, pasando por la Guerra de Crimea (1853-1856), donde los rusos dieron estopa a los británicos, que ya andaban por allí incordiando (desastre de la Brigada Ligera), la Segunda Guerra Mundial, en la que mientras parte de los ucranianos combatía con el Ejército Rojo, la otra parte combatía con los nazis (ucranianos sobresalieron en las SS como los más sanguinarios) y la URSS, pues fue en aquel entorno cuando el entonces primer mandatario, Nikita Jrushchov, que había nacido en una pequeña localidad rusa, Kalinovka (óblast de Kursk) cerca de Ucrania (no en Ucrania, como han dicho estos días muchos medios) cedió administrativamente Crimea a Ucrania. Esta situación continuó después de la independencia ucraniana, pues Rusia y Ucrania seguían siendo aliadas, compartían la Flota del Mar Negro con base en Sebastopol y no había ninguna razón para cambiar el estatus administrativo de Crimea. Todo cambió el 22 de febrero de 2014, cuando grupos financiados por la CIA, que había puesto para la operación 5.000 millones de dólares, derrocaron al presidente Yanukóvich (que tuvo que huir a Rusia). Fue lo que algunos llaman "revolución del Maidán", o sea, una "revolución de color" como las que los servicios secretos estadounidenses y británicos hicieron en otros países del Cáucaso y quisieron hacer hace poco en Kazajistán, o que otros llamamos, sin tapujos ni tonterías, el golpe de estado del Maidán. Hay fotos y vídeos encantadores de la entonces Subsecretaria de Estado americana, Victoria Nuland (que fue la encargada de repartir la pasta gansa) con el embajador estadounidense en Kiev participando en aquellos acontecimientos. Se trataba de arrebatar a Rusia el control de Crimea, donde hay unos potentes radares de alerta temprana que la protegen de un ataque de la Sexta Flota y otros elementos de la OTAN, echar a la flota rusa de Sebastopol y, en definitiva, tomar el control del Mar Negro. Putin no lo permitió, apoyando a los prorrusos de Donbass, y recuperando la soberanía rusa sobre Crimea, que era tierra rusa desde Catalina II, por lo menos, y que está poblada por rusos. Tras el control militar de la Península por "los hombres de verde", hubo un referéndum, donde, de forma aplastante, los crimeos decidieron reincorporarse a Rusia. Muchos ucranianos, incluidos los que compartían con Rusia la Flota del Mar Negro, también se pasaron al lado ruso. "Crimea vuelve a ser Rusia y quiero que sus ciudadanos lo noten" fueron las palabras de Putin entonces. Y vaya si lo notaron, no solo mejoró su nivel de vida y los servicios sociales, muchos encontraron trabajo en una obra de la que no se ha hablado en Occidente, la construcción de un gigantesco puente con cuatro carriles de circulación y dos vías férreas, el mayor de Europa, que ya une Crimea con el resto de Rusia. Pero, los piratas no se dieron por vencidos. El acoso a Rusia, desplegando todo tipo de armas en los países limítrofes que se habían incorporado a la OTAN, en los que España participa, también se incrementó en el Mar Negro, donde la OTAN ha estado haciendo continuas maniobras navales en los últimos años. Llegamos entonces a un escenario donde EE UU quiere evitar, como sea, que el segundo gasoducto del Báltico, el Nord Strem 2, entre en funcionamiento, para que la UE no tenga una interdependencia económica cada vez más fuerte con Rusia y para vender a Europa el gas americano, extraído por fractura hidráulica, que nos cuesta el doble que el gas ruso, un escenario donde el equipo de halcones de Biden quiere incrementar la presencia militar americana, a través de la OTAN, en Europa, un escenario, en fin, donde los que han dominado desde la Segunda Guerra Mundial un mundo unipolar se resisten al nuevo mundo multipolar que va a caracterizar el siglo XXI. Para conseguir los fines deseados, estadounidenses y británicos iniciaron una nueva operación que pasaba por incrementar la presión a Rusia en el Mar Negro y amenazarla con meter a Ucrania en la OTAN y poner allí misiles nucleares a cinco minutos de Moscú. El presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, si ese que los médicos aficionados han diagnosticado como psicópata, y los gravemente mediatizados como un nuevo Hitler, tuvo que escoger entre entre dos acciones: la mala, que es la que estamos viviendo, y la peor, que una Ucrania metida en la OTAN atacara Crimea, entonces Rusia tendría que usar armas nucleares (porque sus fuerzas convencionales son muy inferiores a las de la OTAN) y nos iríamos todos al cuerno. Que lo mismos que han bombardeado e invadido países en todas partes nos digan ahora lo malos que son los rusos es patético y que hasta los suizos, neutrales donde los nazis llevaron su oro, también se unan al coro, al nuevo senado romano que quiere impartir justicia, la suya, con sanciones, cuando nunca han sancionado sus propias fechorías, es más patético todavía. EE UU y Reino Unido ya tienen lo que querían, Rusia recuperará el control estratégico que necesita cuando la OTAN se ha negado a darle garantías de seguridad, el pueblo ucraniano sufrirá las consecuencias de todo esto, y la estúpida Europa pagará, muy caros, los platos rotos en la gasolina, el gas, la electricidad, los cereales, los minerales, el turismo y millones de refugiados, por dependientes, por listos, o por, bueno, no voy a seguir con los calificativos. Francia, el único país importante de Europa que tiene una política exterior propia, está haciendo importantes y cabales esfuerzos para dar a esta situación una solución lo menos traumática posible ¿Imperará la cordura?