domingo, 29 de marzo de 2026

LA GUERRA DE TRUMP Y NETANYAHU

 La guerra desatada por EE UU e Israel contra Irán se extiende en el tiempo y geográficamente y amenaza con enquistarse y llevar al mundo, en particular a la estúpida Europa, a la mayor crisis económica en lo que llevamos de siglo, mayor que la financiero-inmobiliaria de 2008 y mayor que la de la pandemia de Covid-19, declarada como tal por la OMS en marzo de 2020 ¿Qué nos ha traído hasta aquí? Todo lo que está sucediendo no se puede entender si no partimos de una base poliédrica con unas cuantas aristas, de las que sobresalen por su importancia dos: El imperialismo histórico de EE UU y el Estado de Israel y la parte sionista del judaísmo internacional. No voy a relatar el intervencionismo, las invasiones y las guerras de EE UU, que son por todo el mundo conocidas, que es el primer guarismo de esta ecuación, y me voy a centrar en el segundo: El Estado de Israel actual es un ente artificial que fue creado por la ONU tras la Segunda Guerra Mundial y que ha sido introducido, como un cáncer, en Oriente Medio. Este país ha crecido exponencialmente desde su creación en 1948 a base de robar tierras a sus legítimos dueños, los palestinos, pero no solo a ellos, también a los jordanos, a los sirios (llegaron a un acuerdo con Egipto para devolver lo robado a cambio de complicidad) y ahora a los libaneses. Para ello los sionistas siempre han hecho el papel de víctimas, explotando el relato del Holocausto judío a manos de los nazis, acusando a los palestinos y a los países vecinos de terroristas y contando con el inestimable apoyo de los EE UU y de Europa, muy especialmente de Reino Unido y de Francia, es decir, del imperialismo. La verdad, sin embargo, es muy distinta al relato, las "victimas del terrorismo" ya cometieron un atentado, el 24 de junio de 1946, contra el Hotel Rey David, entonces sede de la Comandancia Militar del Mando Británico de Palestina, causando 93 muertos, y desde entonces no han cesado de asesinar y de robar. El término terrorismo y a quienes se mete, o no, en esa lista "terrorista" no es objetivo, ni de lejos. Al contrario que a Rusia, tras su intervención militar en Ucrania, nadie ha puesto sanciones a Israel por el genocidio de Gaza ni por su enésima invasión de Líbano (recordemos que en la primera, de 1982, ni siquiera existía Hezbolá) ni, por supuesto, por atacar a Irán, ya por dos veces, eso sin contar asesinatos selectivos y atentados terroristas que los sionistas ya habían realizado en el pasado contra el país persa ¿Qué atentados terroristas ha realizado Irán? ¿Qué país había atacado o invadido el país persa? Esta no es una guerra de EE UU contra Irán, es la guerra del sionismo que ya tiene comprados, o cogidos por la entrepierna, a senadores, congresistas y al propio presidente de los EE UU, en este sentido, no hay que olvidarse de los archivos de Epstein. Los estadounidenses había votado la versión de Trump que conocían, la versión que ponía el acento en controlar la inmigración irregular masiva, la versión que ponía aranceles a los productos extranjeros, la versión que los sacaba de guerras y conflictos, la versión, en fin, del "América primero", pero no la versión de Trump de "Israel primero". En realidad, nadie pensaba que el presidente de los EE UU se iba a poner, e iba a poner a su país, al total servicio del sionismo. Los estadounidenses se han dado cuenta ya de que esta guerra no es su guerra, de que este conflicto puede tener consecuencias catastróficas para la estabilidad geopolítica en Oriente Medio y de que, y para eso no hay que ser un gran analista, ya están pagando el galón de gasolina a cinco dólares y medio. El sábado 28 de marzo, nueve millones de personas de han manifestado en EE UU contra la guerra y contra la subida de los precios convocadas por el movimiento "No Kings", alguna de esas manifestaciones reunió a más de 800.000 ciudadanos. No se había visto nada igual en los EE UU desde las protestas contra la Guerra de Vietnam. A pesar de que muchos incondicionales del movimiento "Maga" siguen siendo leales a Trump, las encuestas reflejan una creciente desafección del pueblo estadounidense ante lo que está haciendo su presidente, y en USA hay elecciones al Congreso y al Senado en noviembre. Sin embargo, este es el segundo y último mandato presidencial de Donald Trump, así que el presidente de los EE UU y los poderes que lo apoyan y lo chantajean tienen sus propios planes, que para nada coinciden con los de los ciudadanos. Otro guarismo importante de la ecuación, y que los españoles deberíamos tener muy en cuenta, es que la política exterior, incluida la bélica, de EE UU, está dirigida por Jared Kushner, el yerno del presidente  y esposo de su hija Ivanka, hija que se convirtió al judaísmo para casarse con el rico empresario inmobiliario y de medios judío, que es el principal asesor de Trump y que, en contra de loas opiniones del Pentágono y del Secretario de Estado de Guerra (ahora no es Defensa, Trump le ha cambiado el nombre) ha decidido que EE UU apoye y colabore con Israel en la agresión a Irán. Hay fotos muy educativas, que todos pueden ver en Google, del yerno sionista de Trump en Marruecos firmando acuerdos con el país vecino y con Israel, tome usted nota.

Ya no mandan los estados-nación y sus instituciones políticas, como profetizaron algunos filósofos del siglo XIX, en esta etapa los que tienen la sartén por el mango son un puñado de milmillonarios y sus grandes corporaciones, que son los que deciden las cosas importantes. Por supuesto, estamos ante una dictadura con todos los ingredientes de las dictaduras, incluida la censura. Si alguien tiene alguna duda al respecto, tengo que decirle que X, la antigua Twitter, la red social más política, está suspendiendo y/o eliminando masivamente cuentas que critican las fechorías del sionismo y convirtiendo ese portal en un foro de propagando para Israel, que utiliza desde personas afines, como la independentista catalana Pilar Rahola, hasta cuentas, que usan la IA, que dependen directamente del Mossad, para intoxicar. Elon Musk, el dueño de X, ya ha manifestado que es "aspiracionalmente" judío, así que blanco y en botella.

Es difícil saber cuán será el próximo objetivo de esta gentuza ¿Será Groenlandia, para aprovecharse de sus riquezas y dominar las del Ártico? O quizá sea el que ahora casi nadie está pensando, la Luna, que podría dejar de ser patrimonio de la Humanidad. El programa Artemis nos lo aclarará. La NASA tiene a SpaceX, también de Elon Musk, como socio clave y principal contratista y la primera nave lunar del programa ya va a empezar a explorar, desde la órbita, nuestro satélite, que, me temo, dejará de ser nuestro para ser solo suyo, de ellos.
 

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