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Pocas cosas hay mas indignantes
que el grave deterioro de la actividad laboral y, en general, de la vida de los
trabajadores que se ha producido en España en los últimos años. No solo los
Gobiernos, tanto del PSOE como del PP, se han cebado en el proletariado con
leyes y medidas que lesionan sus derechos históricos conseguidos con sangre,
sudor y lágrimas, también la derecha y la pseudoizquierda hacen la vista gorda
con los negreros que explotan a los trabajadores con horarios superiores a lo
que dicen los contratos o cuando estos ni siquiera existen. Ni actúa el
Gobierno, ni la Fiscalía, ni la Inspección de Trabajo, ni los sindicatos contra
los tiranos, tienen otras prioridades.
Volver ahora la vista atrás y
recordar que en los años 80 los sindicatos pedían la jornada de 35 horas
semanales es como un sueño que se ha convertido en la actual pesadilla, donde
muchos trabajadores están obligados a hacer jornadas semanales de 50 y hasta 60
horas si no quieren pasar a engrosar las listas del paro. Si los mártires de Chicago
levantaran la cabeza, cuando ellos luchaban por la jornada de 40 horas, no se
creerían en que se ha convertido esta sociedad y las relaciones humanas entre
las clases sociales.
Algunos analistas achacan el
deterioro de las condiciones de trabajo a la crisis económica, pero yo, aunque
admito que ha influido y que ha acelerado el proceso, tengo una opinión muy
distinta. La automatización y robotización de los procesos productivos y la
introducción de las máquinas y de las semillas tratadas genéticamente en la
agricultura, junto con la explotación masiva de los recursos marinos y
energéticos, la informatización administrativa, etc, ha permitido que las
personas que se dedican al sector productivo sean cada vez menos. Debemos ser
conscientes que en las sociedades “avanzadas” solo trabaja, como mucho, 1/3 de
la población, mientras que el resto son empresarios, accionistas, o forman
parte de lo que se ha dado en llamar clases pasivas. Esto ha tenido la
consecuencia de una pérdida importante de la influencia de los trabajadores en
las decisiones políticas que les afectan y en que las condiciones laborales
hayan sufrido un grave retroceso. No debe extrañarnos, por tanto, que la
derecha machaque a los trabajadores, es su condición, con leyes como la Reforma
Laboral, pero tampoco que la pseudoizquierda socialdemócrata e incluso una buena
parte de la izquierda busque mas sus votos entre los pensionistas o los que
viven de subsidios o rentas sociales (que son muchos) que entre los que
producen bienes o servicios.
La proliferación de ciudadanos
que viven sin trabajar ha llegado a tal punto que solo se puede sostener con
una mayor explotación del proletariado. Los trabajadores se ven obligados a
devengar plusvalías enormes con su actividad laboral para sostener un tinglado
mastodóntico, eso, como es lógico, presiona a condiciones de trabajo cada vez
peores.
Pero, a pesar del injusto esfuerzo
titánico de la minoría productiva, ello no es suficiente, por eso los Estados
están inmersos en una Deuda enorme que no para de crecer. Sin embargo, no va a
ser la Deuda la que dinamite una sociedad tirana, sino la determinación de los
trabajadores de quedarse en casa de brazos cruzados y de que trabajen otros.
Ese día el castillo de naipes se vendrá abajo y, por fin, los proletarios
impondrán sus condiciones.