lunes, 10 de diciembre de 2018

¿VOLVER A APLICAR EL ARTÍCULO 155?


Ante la situación de deterioro político, institucional y social en Cataluña y ante la evidencia de que los independentistas catalanes, a pesar de contar solo con el 47% de los votos de la población, continúan adelante con sus maniobras golpistas, que incluyen el apoyo explícito del propio presidente de la Generalitat a la guerrilla, urbana (los CDR) la financiación con dinero público de los entes que agitan la secesión (Ómnium Cultural y la ANC, entre otros) el mantenimiento de las embajadas en el extranjero y la creación de otras nuevas y la organización de una segunda parte del golpe que ya intentaron tras la pantomima de referéndum del 1-O, es obligado que el Gobierno de España y todas las fuerzas políticas que defienden la Constitución, el Imperio de la Ley y el Estado, se pongan de acuerdo para aplicar otra vez el Artículo 155, pero esta vez en serio, no de forma light.
Nos equivocamos los que pensamos que, tras las elecciones autonómicas catalanas, los independentistas, al menos ERC, al no obtener ni siquiera el 50% de los votos populares, recapacitarían y volverían a los cauces legales, al menos por un tiempo, pero, no solo no ha sido así, el nombramiento por Puigdemont como presidente delegado de un impresentable como Qim Torra, cuyos artículos y declaraciones ponen los pelos como escarpias a cualquier persona cabal y no se diferencian en nada de las de los nazis, el cierre en la práctica del Parlament y la constatación de que las únicas iniciativas políticas del Gobierno de la Generalitat y de los partidos independentistas son atacar a España y preparar un nuevo golpe de Estado, no solucionar los problemas de los catalanes, no deja más salida que volver a aplicar la Ley y la Constitución en Cataluña. En efecto, desde su exilio dorado en Waterloo, Puigdemont y sus secuaces no tienen otra cosa que hacer que conspirar contra el Estado Español y preparar concienzudamente nuevas actuaciones delictivas. Los independentistas no tienen presos políticos, no hay presos políticos en un Estado Democrático de Derecho como es España, tienen políticos en prisión preventiva porque sus compañeros de correrías, prófugos de la Justicia, huyeron al extranjero. Que no echan la culpa a los jueces, la culpa es exclusivamente suya. Todavía hay gente que pone en duda las acusaciones de sedición y rebelión, pero, por si una declaración de independencia y todo lo que hubo alrededor no hubiera sido suficiente, los independentistas quieren recabar apoyos para que expulsen a España de la UE (hasta ese punto llega su delirio) y ya han manifestado que esperan seguir la línea eslovena para la “desconexión con España”, es decir, la misma línea de la desintegración de Yugoslavia, en este sentido, Torra ya ha advertido a los catalanes que las consecuencias de llegar hasta el final “van a ser dramáticas”.
Si hemos llegado hasta esta situación ha sido por el oportunismo político y el cortoplacismo de las principales fuerzas políticas del Estado, que durante decenios se han preocupado más por el poder que por España y a cambio de un puñado de votos nacionalistas han estado alimentando un monstruo. Pero, es que ahora, cuando la situación ya es extremadamente grave, siguen con sus poliquiterías y con sus irresponsabilidades. Los que más deberían defender el Estado, las izquierdas, han estado coqueteando con los independentistas y cuando ven que han caído estrepitosamente en las elecciones autonómicas catalanas (después también en las andaluzas) han ofrecido salidas, incluido el indulto, a los que están ya en otra cosa. Los independentistas ya dicen claramente que no les sirve un nuevo Estatut (que podría volver a ser anticonstitucional por darles privilegios fiscales y políticos respecto a otras CC AA) que en su hoja de ruta ya solo contemplan la independencia. La hipocresía de nuestros políticos es monumental, el PP exige al Gobierno de Sánchez que se aplique otra vez el Artículo 155 de la Constitución, cuando son ellos, los del PP, los que tienen mayoría absoluta en el Senado. La primera iniciativa para la aplicación del Artículo 155 debería ser del Gobierno, pero, es la mayoría absoluta del Senado la que finalmente, “si el requerimiento al presidente de la comunidad autónoma no es atendido” decide.

sábado, 8 de diciembre de 2018

LA NORMALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA


Este siglo está empezando con un fenómeno que para nada es nuevo, yo la padeció Europa sobradamente en una buena parte del siglo pasado, la normalización de la violencia, una normalización solo posible si esta se banaliza o incluso si se institucionaliza. La violencia es algo consustancial con el Homo Sapiens desde los albores de la humanidad y a pesar de que nuestra especie ha dado pasos gigantescos en otros campos sigue plenamente vigente. Ninguna otra especie sobre la Tierra se ensaña tanto con sus semejantes. Los cristianos, aunque muchos de ellos soslayan frecuentemente los Mandamientos y el mensaje del Evangelio, quizá hayan sido los primeros en desarrollar una filosofía bien estructurada de la no violencia, pero, evidentemente, en este asunto no han tenido mucho éxito. En el siglo pasado también hubo movimientos importantes contra la violencia, como el movimiento Hippie, ya sabe usted “paz y amor” pero eso, como no podía ser de otra manera, se diluyó como un azucarillo en el café caliente. Cuando los hijos de papá y los pijoprogres filosofan mientras fuman porros sus cosas no pueden tener ni seriedad ni continuidad. Seguramente, como en otras cosas, han sido los marxistas los que han tenido muy claro este asunto, legitimando la violencia revolucionaria cuando la opresión sobre las gentes y los pueblos sobrepasaba cualquier límite. Así hay que entender la Revolución Bolchevique en Rusia y las guerras anticolonialistas y antiimperialistas que se han desarrollado en el mundo a lo largo del pasado siglo. Hasta algunos cristianos, como el jesuita convertido en comandante sandinista, Gaspar García Laviana, les tuvieron que dar la razón. A veces los libertadores se convirtieron en opresores, eso sí, pero, esa es otra historia.
En Europa habíamos llegado a un consenso tácito: consolidados los regímenes democráticos, los Estados Democráticos de Derecho y las libertades sociales ya no cabía la violencia ¿para qué si puedes opinar y votar libremente? El fascismo había desaparecido y los marxistas ya no tenían un monstruo opresor contra el que pegarse, podían luchar pacíficamente con los instrumentos de la democracia liberal. Ese consenso está en peligro de romperse. La violencia está volviendo a Europa y se está empezando a ver como algo normal. La ejercen los mismos movimientos radicales y extremistas que la ejercieron en el pasado ante la inacción y/o complicidad de los ciudadanos y de los Estados. El fenómeno nacionalista, el mismo que incendió por dos veces Europa, cabalga de nuevo y sus líderes son los que más alientan a los violentos, jaleándolos y financiéndolos ¿ejemplos? pues los CDR y otros grupos que ya contaminan con su veneno hasta un deporte como el fútbol. Pero, no son los nacionalistas los únicos que se han subido a ese peligroso carro, también los que quieren ganar en la calle lo que han perdido en las urnas y en vez de rectificar, hacer autocrítica y reconocer que se han equivocado prefieren lanzan adoquines contra la policía. Lo que estamos viendo en Francia, al año y medio de que los franceses votaran mayoritariamente por Macron, es una buena muestra, pero aquí también tenemos las nuestras.
La violencia no puede volver a enseñorearse en Europa, no podemos tolerar que se repita la Historia, y la violencia no puede ser normalizada, aún menos la violencia política. Solo el Estado, en defensa de la Ley y de la democracia, está legitimado para ejercerla si lo atacan. Afortunadamente, ahora podemos ser muy contundentes con la palabra, con el teclado o en las urnas, también, si hace falta, de forma pacífica, en las calles.

jueves, 6 de diciembre de 2018

EL GALLINERO ANDALUZ


Después del desconcierto generalizado tras las Elecciones Andaluzas, cuyos resultados ninguna encuesta vaticinó, ya es hora de hacer un análisis de lo que ha pasado. Todo el mundo esperaba que el PSOE, que es más que un partido de Gobierno en Andalucía, es un régimen clientelar desde hace decenios, ganara las elecciones, como así ha sido, pero nadie que perdiera nada menos que catorce escaños. Que el PP retrocediera y que ascendiera Ciudadanos, impulsado por su éxito electoral en Cataluña, era de prever, también era de prever que la ultraderecha, Vox, entrara en el Parlamento Andaluz, pero no que lo hiciera con doce diputados. Yo ya he dicho que no se puede buscar una sola causa para lo que ha pasado. Para buscar esas causas poliédricas lo único que hay que hacer es subirse a una loma y echar un vistazo de 360 grados al panorama político español. Así de fácil.
Tras el desconcierto inicial, tanto para los que han tenido un triunfo con sabor a derrota como una derrota con sabor a triunfo, las primeras declaraciones de los estados mayores y de los líderes de los distintos partidos perecían dejar claro que tanto PSOE como Unidos Podemos (Adelante Andalucía) formarían la oposición y que, por primera vez desde la Transición, gobernarían Andalucía las derechas, algo que algunos ya están poniendo en cuarentena, tanto en el PSOE como en Ciudadanos. En efecto, aunque en el gallinero andaluz todo es posible y lo más probable es que, en efecto, gobiernen las derechas, incluyendo a la ultraderecha, yo no descarto todavía otro desenlace, un acuerdo de Gobierno PSOE-PP-Ciudadanos donde el PP tendría la presidencia, el PSOE mantendría el gigantesco pesebre y Ciudadanos cortaría algo de bacalao ¿un cordón sanitario contra Vox y contra los “piojosos bolivarianos” de Unidos Podemos? Ese podría ser el argumento y el espantajo que esgrimirían los que tienen muchos intereses comunes, entre ellos minimizar a los que amenazan su poder, un aquelarre ahora en Andalucía y luego en el resto de España. Tenemos precedentes muy cercanos de pactos contra natura y esos pactos, a veces tácitos a veces explícitos, quedaron diáfanos y en todo su esplendor en el intento de golpe contra el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. En el gallinero andaluz ya no hay un solo gallo, pero cuando el objetivo es seguir pasando por la piedra a las gallinas no podemos descartar un acuerdo entre varios pollos.
En este corral, de momento, no va a haber ninguna rebelión en la granja, como diría Federico Trillo, aquiétense ustedes, criaturas, la fauna va a seguir siendo la misma, con sus mentiras, sus contradicciones y sus estrategias bastardas. Unos han enviado cartas a sus militantes diciéndoles que ellos tenían razón y que los culpables de los resultados son los electores, otros han salido a la calle a protestar contra los resultados electorales después de quedarse en casa arrascándose la barriga y sin ir a votar, también los hay que, en su enésima rectificación, primero enseñaron la puerta a Susana Díaz y a continuación dicen que debe liderar la catarsis, y qué me dicen de los que hace cuatro días contaban a todo el que los quisiera escuchar que debe gobernar la lista más votada y que Pedro Sánchez era un “okupa” porque lo habían elegido los diputados, no los electores y ahora postulan como presidente a su candidato, que no solo no ha ganado las elecciones, ha logrado el hito de perder siete diputados y 300.000 votos, igualando el peor resultado del PP en aquella comunidad autónoma. La guinda del despropósito, de la ignominia y de la tomadura de pelo es que los líderes de Vox dicen ahora que ni son franquistas ni de ultraderecha y que son los que más defienden la Constitución.
Tenía usted razón, señor George Orwell, en esta granja, en este gallinero, hace falta una rebelión y, como hemos leído su genial novela y hemos visto su magnífica adaptación cinematográfica en dibujos animados (prohibida durante veinte años en los EE UU) ya sabemos perfectamente quienes no la deben liderar.


domingo, 2 de diciembre de 2018

ANDALUCÍA, DEBACLE DE LA IZQUIERDA


Por primera vez desde la Transición, las derechas podrán formar Gobierno en Andalucía, feudo tradicional de la izquierda. El resultado de estas elecciones es un auténtico terremoto político porque en Andalucía no había un Gobierno, había un régimen, un régimen que se ha terminado y cuyas consecuencias son hoy difíciles de calibrar. La debacle de la izquierda tiene mucho que ver con la abstención, es decir, con que mucha gente, harta de sus partidos y de sus dirigentes, se ha quedado en casa y no ha ido a votar. Exactamente eso mismo sucedió en las pasadas Elecciones Generales donde, por ejemplo, Unidos Podemos perdieron nada menos que un millón de votos, aunque conservaron todos sus diputados al acudir juntos a aquellos comicios. Esto se ha vuelto a repetir y si no hubiera sido por la unión de Podemos e IU no se habrían podido obtener 17 diputados en Andalucía (solo perdieron tres escaños, aunque perdieron decenas de miles de votos) diputados que, ante la caída estrepitosa del PSOE, que ha perdido nada menos que catorce escaños, no servirán de nada. Yo no creo que haya una sola causa para lo que ha sucedido en Andalucía, pero está clarísimo que cuando te equivocas, no rectificas ni haces autocrítica y te empecinas en el error, el resultado está servido. En este sentido, yo pienso que el problema territorial catalán y el coqueteo con los independentistas, que ya castigó a las izquierdas en las Elecciones Catalanas, también las ha castigado en las Andaluzas. También estoy totalmente convencido de que el problema de la inmigración irregular masiva ha tenido mucho que ver con esta catástrofe de las izquierdas y con la espectacular irrupción de VOX, pues eso mismo ha sucedido con la ultraderecha en casi toda Europa y aquí no íbamos a ser una excepción. Sin dejar de mentar, por supuesto, la desastrosa gestión del Ejecutivo andaluz y los escándalos de corrupción socialistas en aquella comunidad autónoma. A mí no me salen las cuentas si achaco solo la pérdida de votos de las izquierdas a la abstención, es decir, mucha gente poco ideologizada que había votado al PSOE ha votado a algún partido de derechas y estoy seguro que hasta a VOX, porque en Francia, cuando se desmoronó la izquierda, muchos trabajadores se echaron en brazos del Frente Nacional, el partido de Marine Lepen ¿No pasó exactamente eso mismo en los años veinte y treinta del siglo pasado? No hemos aprendido nada y ya lo habíamos advertido.
Cuando la realidad te lleva por delante, los discursos vacíos, la palabrería barata y los brindis al Sol ya no sirven de nada. Los estómagos agradecidos y los traidores (me viene a la memoria Rosa Aguilar, por ejemplo) tendrán que buscar otro cobijo, se acabó el pesebre. Susana Díaz no logró acabar con su secretario general pero ha logrado el hito de cargarse, esto no solo ella, al PSOE en Andalucía. Espero que nadie le eche la culpa a la gente, a los votantes, por lo que ha sucedido. Algunos/nas deberían conjugar un higiénico verbo, el verbo dimitir.

jueves, 15 de noviembre de 2018

CRISPACIÓN

Crispación es la palabra de moda ¡menuda moda! Yo no recuerdo una crispación política tan grande en España desde que ETA, GRAPO, El Búnker, servicios secretos extranjeros y algunos más se confabularon para acabar con Adolfo Suárez. Fue en aquel caldo de cultivo cuando Felipe González, al que algunos siguen considerando un gran estadista, llamó en el Parlamento al pobre Suárez "tahúr del Misisipi". Aquello no podía acabar bien, y acabó en el golpe de Estado de 1.981, el de verdad, el que apeó al presidente Suárez del poder, no la fantasmada de la "tejerada" ¿Cuando ha vuelto la crispación política a nuestro país? yo se lo voy a decir: la crispación política volvió cuando los de Podemos y sus confluencias obtuvieron nada menos que 72 diputados. Una cosa era tener a los socialistas para mantener el paripé y otra muy distinta tener a estos "piojosos", "perroflautas" y al "coletas". Desde lo de "tahur del Misisipi" yo nunca había escuchado insultos así. Esa bilis y esa espuma que le empezó a salir por la boca a la derecha contra Podemos se trasladó enseguida contra el PSOE (este no es nuestro PSOE, se dijo el fascio) y contra Pedro Sánchez, que quería pactar con el diablo, con Podemos. Entre todos, como contra Suárez, le montaron un golpe a Sánchez, pero esta vez les salió mal, los militantes socialistas, del partido más antiguo de España, que habían visto lo que le había pasado a toda la socialdemocracia europea, no tragaron, fueron muy inteligentes. La crispación subió entonces de nivel. Podemos no apareció porque un día Julio Anguita y Pablo Iglesias se reunieron y así lo decidieron, Podemos apareció como un instrumento de la indignación del 15-M. "Entonces nos dijeron que protestáramos menos y que nos presentáramos a las elecciones, pues bien, aquí estamos", les espetó Iglesias en el Congreso de los Diputados. La derecha no lo lleva, cuando Podemos exigía ministros y tampoco cuando no los ha exigido pero corta bacalao, y la crispación es única y exclusivamente suya, de los mismos que acabaron con Adolfo Suárez.

jueves, 8 de noviembre de 2018

COMO ASESINAR A MONTESQUIEU


Yo no recuerdo un episodio judicial tan rocambolesco como al que hemos asistido estos días en el Tribunal Supremo para dar la vuelta a una sentencia de la Sala Tercera del mismo tribunal, la que obligaba a los bancos, y no a los clientes, a pagar el impuesto de las hipotecas. El escándalo está servido no tanto por el mariachi judicial, que también, como porque la gente está de uñas contra los bancos y tiene fundadas razones para ello. Los bancos llevan mucho tiempo tomando el pelo a los ciudadanos, desde metiendo comisiones a su libre albedrío en tu cuenta corriente (por ejemplo, metiendo comisiones por el uso de la tarjeta de crédito en una cuenta-nómina que no las tiene) hasta procurarse capital engañando o en connivencia con el cliente para defraudar a Hacienda (me vienen a la memoria los seguros de prima única). Lo de Las preferentes ha sido para mear y no echar gota. El sumun del hartazgo de los españoles fueron los 60.000 millones de euros que el Gobierno de Rajoy nos han sacado de los bolsillos para dárselos a los bancos y tapar el gigantesco agujero provocado por las hipotecas basura relacionadas con el tinglado financiero-inmobiliario. Rajoy, de Guindos y Montoro nos contaron que ese era un préstamo que se recuperaría con intereses, pero la verdad es que no se han recuperado ni 12.000 millones de euros, porque, después de saneadas con dinero público, las Cajas de Ahorros (que eran las que tenían el agujero provocado por consejos de administración de políticos y sindicalistas) han sido casi regaladas gentilmente a la banca privada. La indignación está más que justificada.  Pero ¿de qué nos extrañamos? ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza? ¿no fue Karl Marx el que nos dijo, hace más de 150 años, que los bancos y las grandes corporaciones mandarían sobre los Gobiernos y sobre los Estados?
Constatada la ignominia, no es esta el objeto de mi escrito sino la utilización política, irresponsable por parte de algunos y malvada por parte de otros, de la sentencia del Tribunal Supremo, me explico: No es la primera vez que otros poderes del Estado y que algunos políticos cuestionan las decisiones judiciales, están en su derecho, como lo estamos todos, porque los jueces no están por encima del bien y del mal y cuando se equivocan hay que decírselo, lo mismo que se lo decimos al Ejecutivo y al Legislativo, los otros poderes de la tríada del Estado de Derecho, cuando la cagan, que es algo muy frecuente. El problema surge cuando, aprovechando un error o una coyuntura determinada, como el y la de ahora, hay gente interesada en aprovechar eso para arrimar el ascua a su sardina, unos sin darse cuenta de en qué aventura se están metiendo y otros siendo plenamente conscientes de que, en su lucha contra el Estado, cuestionar y/o cargarse el Poder Judicial es prioritario, porque son los que los tienen en la cárcel como presos preventivos, van a dictar sentencias que los pueden condenar a largas condenas por los graves delitos cometidos y deben velar en última instancia (Tribunal Constitucional) por el complimiento de nuestra Carta Magna.
Una cosa es criticar los errores judiciales y otra muy distinta promover manifestaciones y escraches contra las sedes de los tribunales, hacer declaraciones populistas incendiarias o manifestar que ya habían dicho ellos que los jueces españoles están vendidos o les tienen manía. Una cosa es criticar con fundamento los errores de los jueces y otra muy distinta asesinar a Montesquieu.

viernes, 2 de noviembre de 2018

SI HUBO REBELIÓN


Hay gente que no lo tiene claro, pero yo creo que está clarísimo:
Artículo 472. 
    Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:
1.º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.
    2.º Destituir o despojar en todo o en parte de sus prerrogativas y facultades al Rey o al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad.
    3.º Impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos.
    4.º Disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias.
    5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.
    6.º Sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o usar o ejercer por sí o despojar al Gobierno o Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o a cualquiera de sus miembros de sus facultades, o impedirles o coartarles su libre ejercicio, u obligar a cualquiera de ellos a ejecutar actos contrarios a su voluntad.
    7.º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.